"Las experiencias más importantes del hombre son aquellas que lo llevan al límite; sólo así aprendemos, porque eso requiere todo nuestro coraje". Paulo Coelho. Once minutos
Hoy nada más, sólo daros las gracias por estar ahí, por contarme vuestras experiencias, por darme otros puntos de vista, por todas y cada una de las sonrisas que me dejáis y por todas las que me dibujais aún sin saberlo.
Estoy nerviosa; estoy esperando el resultado de la resonancia y estoy de los nervios. Después de tanto tiempo esperando por fin hay una prueba que va a decirme con exactitud qué es lo que tengo.
El fisioterapeuta se juega la cabeza a que tengo roto el ligamento lateral interno y apuesta también por un menisco tocado; se pasa las clases preguntándome si me gusta el color del titánio y me dice que ahora hacen prótesis que son una pasada.
Le divierte decirme que la escayola hasta la ingle es un coñazo, sobretodo en verano y yo le pregunto si me quedará cicatriz y no podré volver a ponerme faldas cortas. Ya ves, la vena superficial que me sale a flote cuando me hablan de cicatrices visibles.
De todas formas nunca he utilizado mis piernas para ligar, mido uno sesenta así que mis piernas no son las de Karembeu (Adriana ¿eh? No Christian).
No podría decir a qué parte de mi anatomía le he sacado más rentabilidad estos años…
Claro que también están mi inteligencia, simpatía, mordacidad y saber estar, pero sinceramente no creo que haya estado con muchos tíos que valorasen eso. Quizás haya mostrado mi vena superficial más de lo que creía, y no me refiero ahora confesándolo, sino durante todos estos años.
¿Qué diferencia hay entre Helen Fielding y Lucia Etxebarría? No es un acertijo, es la pregunta que me llevo haciendo desde que leí ayer algunos comentarios (gracias, gracias, muchísimas gracias a todos por hacerme sugerencias tan interesantes sobre mi contraportada).
De acuerdo en que ambas tienen muchísimo éxito y admito sin pudor que vendería mi alma al diablo por llegar a tener tanto éxito como escritora, como cualquiera de ellas.
Ahora bien… no me gustaría escribir un Bridget Jones. Me he leído la mayoría de los libros de la Fielding y me han gustado; me divierten las peripecias de sus protagonistas y me enganchan sus caóticas vidas sentimentales, pero….
... que dios y sus seguidores me perdonen por decir que a mi me parece literatura de piscina. Libros ligeritos para leer cuando estás tomando el sol o cuando te tiras en el sofá después de llegar de la playa.
Los de Lucia sin embargo no; me he leído muchos de ellos tomando el sol en los Pericones o en el coche mientras hacía algún viaje largo, pero no los dominaría “libro de piscina”.
Las historias son más complejas, sus mujeres tienen más fondo, su caos sentimental tiene más profundidad; sus problemas me parecen más reales.
¿Y yo? yo quiero escribir como Etxebarría (ese tipo de libro me refiero, no a calcar sus expresiones para escribir como ella) pero me parece que me está quedando un libro de piscina.
Quizás sea porque mi libro me resulta demasiado conocido, al fin y al cabo es mi propia vida y la de los que me rodean.
Quizás sea porque el personaje más denso soy yo misma y desde fuera, no logro valorarme como si fuese la Cristina de Etxebarría, la Beatriz, Ruth Swanson, o cualquiera de aquellas gitanas que no se estropeaban nunca la voz porque siempre gritaban desde el coño.
Tampoco sé que diferencia hay entre su Cristina y cualquiera de las protagonistas de Helen, y obviamente me refiero a las diferencias latentes que mi subconsciente capta y luego utiliza para diferenciar un libro de piscina de otro que no lo es.
Quizás la única diferencia sea la mente del lector, sus valores y sus intereses. Quizás para otra persona Bridget Jones sea más densa y más compleja que cualquier protagonista de Lucía.
No lo sé, y en el fondo tampoco sé si me importa demasiado. Libro de piscina o libro de biblioteca.
Etebarría o Helen Fielding. Mujeres al fin y al cabo, mujeres que cuentan las historias de otras mujeres, que tratan de reflejar los problemas que nos toca vivir.
¿Qué más da si al fin y al cabo, vendería mi alma al diablo por tener tanto éxito literariamente hablando como cualquiera de ellas?
Mi médico de la mutua está de baja y por lo visto nadie más puede mirar la resonancia, estoy hasta más arriba del la cabeza de esperar por el resultado de una prueba. Un mes para derivarme al traumatólogo, más de un mes para hacerme la resonancia y ya van tres semanas esperando por las pruebas. Dios quiera que no me tenga que operar porque podría jubilarme hasta que me diesen el alta.
Voy a controlar mi lenguaje para no parecer excesivamente poco femenina y vulgar, pero por mi mente pasan todo tipo de palabras vulgares, soeces y poco propias de mentes cándidas.
Me duele al moverla, me duele al pisar, me molesta al estar echada. Me revienta no poder hacer movimientos que normalmente hago ni poner posturas que normalmente pongo; me revienta tener que caminar a dos por hora, me molesta increíblemente que se me encaje la rodilla cada poco y tener que desencajarla manualmente.
Me siento insegura al caminar porque tengo miedo que me falle la rodilla y caer picha arriba en cualquier sitio. No me resigno a quedarme en casa las veinticuatro horas, aunque cada vez me acerque más a ello.
El bibliotecario ya se sabe mi nombre y mi número de socia; al del videoclub se le ilumina la cara cada vez que me ve entrar, creo que dentro de nada me hará socia de honor y el otro día me regaló un zumo.
Amor, curiosidad, prozac y dudas. A lo largo de mi vida he tenido varios libros preferidos, leía uno y me encantaba, lo subrayaba, lo leía cada cierto tiempo, hasta que encontraba otro que sustituía o acompañaba al anterior favorito.
Este de Lucía Etxebarría lleva años siéndolo, así que dudo que ningún otra le destituya. Por mi top ten de favoritos también han pasado Dónde el corazón te lleve de Susana Tamaro; Rebeldes de Susan Milton (ayy, lo qué lloré con PonyBoy, Soda y Darry), éste además creo que fue mi primer favorito; La princesa que creía en los cuentos de hadas de Marcia Grad….
2. ¿Qué libro nunca recomendarías?
Uno de los pocos libros que nunca conseguí terminarme fue Un amante ocasional, ahora mismo no recuerdo ni de quién era ni de qué iba, pero fue uno de los pocos que se me atragantó desde el principio y no fui capaz de terminar.
3. ¿Qué libro te gustaría que se llevara al cine?
Ninguno, es más, me gustaría que se dejarán de llevar al cine mis libros favoritos porque me parece una ofensa.
Dónde el corazón te lleve la vi en video después de ver el libro… y no tenía nada que ver. Era una película lenta, lentísima y aburrida hasta decir basta.
Rebeldes también tuvo su momento de gloria en la gran pantalla y aunque me gustó más que muchas que corrieron igual suerte, no me emocionó tanto como el libro. Desde luego, los actores eran todo un lujo: C. Thomas Howell, Ralph Macchio, Matt Dillon, Patrick Swayze, Rob Lowe, Tom Cruise, Emilio Estévez, Diane Lane , Leif Garret y Darren Dalton.
Qué decir que Amor, curiosidad, prozac y dudas perdió muchísimo en la gran pantalla.
4. De los libros llevados al cine ¿cuál es mejor en cine que en libro?
Obviamente no los he visto todos, pero creo que ninguna película es mejor que el libro en que está basado.
5. ¿Qué libro regalarías a alguien a quien quieres muchísimo?
Teniendo en cuenta sus gustos, le regalaría uno que a mi me hubiese gustado muchísimo, uno de mis favoritos. Sería incapaz de regalarle a alguien que quiero mucho un libro que yo no hubiese leído antes y me hubiese gustado mucho.
Digo muchas veces que me dio un vuelco el corazón pero no son tantas las veces que realmente se me vuelca y cae todo lo que lleva dentro.
Cuando digo eso, normalmente lo que hace es movérseme, sufrir un pequeño terremoto que lo pone todo patas arriba, pero pocas veces se vuelca desparramando todo su contenido.
Cuando se vuelca queda al descubierto hasta la última povisa de sentimiento, hasta el sentimiento más miserable que soy capaz de albergar, aquel que llevo reprimiendo desde el último vaciaje.
Si el corazón realmente me da un vuelco duele, duele más que cuando sólo se tambalean los cimientos y me queda el cuerpo patas arriba, duele más que cuando se acaba algo que me hacía feliz, más incluso que cuando no consigo lo que ansío. En todos esos supuestos puedo ocultar sentimientos, ignorarlos hasta creerme que no existen, maquillarlos para hacerlos pasar por otros más bonitos o incluso invisibles…
Cuando el corazón me da un vuelco es imposible ocultar nada porque todo queda esparcido sobre el tapete, queda a la vista, y de una forma tan caótica que me resulta imposible de ordenar. “Ahí tienes todo lo que guardas, haz algo con ello”.
Nunca se qué hacer con todo eso.
No se qué hacer con los besos que no di y terminaron allí exiliados, con aquel abrazo que reprimí por vergüenza y con un “se que no estás siendo del todo sincero conmigo pero prefiero creerte” que nunca dije.
Tampoco se qué hacer con los secretos que se, con las promesas que todavía no se cumplieron ni con los sueños que negaré para siempre haber soñado.
Aunque parezca increíble, cuando el corazón se me vuelca también aparecen lágrimas que nunca lloré y unas cuantas sonrisas que no regalé porque tuve miedo.
Cuando el corazón se me vuelca encuentro cosas que no sabía si quiera que hubiera tenido alguna vez. Me encuentro con ilusiones que no reconozco, con disgustos por los que nunca me disgusté y por tonterías que creía muertas con luces de neón que dicen “seguimos aquí”.
Encuentro el volante de un coche y un puñao de arena. Encuentro tres folios escritos a manos y un mensaje de móvil que miente y es cobarde.
Un “te quiero”, dos, tres…, el “te quiero” más sincero de mi vida. El “te deseo” con más pasión del mundo entero. Un tímido “yo a ti también” que jamás salió de mi boca pero salió a borbotones por el resto de mi cuerpo.
Encuentro una valentía que nunca tuve y el resquicio de esperanza que pierdo a veces. La sangre coagulada que no me corre por las venas y unos informes del alma que dicen que una parte se me está muriendo. Aparecen de golpe las ganas de salvarla pero toda la cobardía que me mira vacilona desde el suelo, se levanta y se las lleva.
Cuando me da un vuelco el corazón encuentro cosas que no me gustan y cosas que directamente me hacen daño. Encuentro miradas que me taladran y miradas con que taladré inocentes haciéndoles daño; ataques de cólera, accesos de rabia, episodios de miedo, de pánico, de angustia…
Demasiadas cosas que no sirven para nada, demasiadas cosas que ocupan espacio y me roban libertad. Por eso, de vez en cuando, me da un vuelco el corazón para que todo lo que llevo dentro se desparrame ante mi y pueda elegir con qué quedarme y qué desterrar hasta el próximo vaciaje.