La otra cara de Barbie |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2006.
En mi nueva agenda de alquimia, el mes de enero es el mes de la decisión y empieza con una frase del Zahir "la libertad absoluta no existe, lo que existe es la libertad de escoger cualquier cosa, a partir de ahí comprometerse con esa decisión" Personalmente creo que está bien responsabilizarse de nuestras propias decisiones, pero de ahí a comprometerse hay un abismo, prefiero saber que puedo cambiar de opinión cuando el camino que he escogido no termina de convencerme.... Lo primero: el reglamento del juego Por cortesía de Amps , aquí van mis cinco hábitos extraños. 1. Tocar madera cada cierto tiempo. No sé bien por qué lo hago porque tengo demostrado empíricamente que no trae buena suerta ni te libra de las pequeñas desgracias cotidianas, pero aún así, me siento mucho más segura después de hacerlo. Cuando me meto en la cama y paso un brazo por debajo de la almohada, suelo tocar el cabecero, que es de madera y sólo así puedo dormir tranquila. 2. Cuando me preparo un café, tiene que ser siempre en vaso. Odio las tazas. Primero me echo el café recién hecho, aproximadamente tres cuartas partes del vaso y luego añado un poco de leche. Dos de azucar, revolver y tomar. Nada de calentarlo para que esté hirviendo ni de echar primero la leche. 3. Leer siempre la última página de los libros antes de empezarlos o preguntar constantemente ¿qué pasa? cuando estoy viendo una película con alguien que ya la ha visto. Soy la única persona a la que no le importa que le destripen las películas, y me pone de muy mala hostia los que me contestan "ya lo verás". Si lo pregunto es porque quiero saberlo ahora. 4. Ponerme el pijama y las zapatillas nada más llegar a casa, aunque sepa que voy a volver a salir. Si no voy a estar más de una hora, quizás me deje puesto el jersey o lo que lleve de parte de arriba, pero lo del pantalón del pijama y las zapatillas no puede faltar. No soporto andar por casa de playeros o de zapatos. 5. Recoger toda la cocina antes de sentarme a comer. Aunque llegue muerta de hambre del trabajo, lo primero que hago después de ponerme cómoda es fregar los cacharros que haya en el fregadero y recoger la cocina. Luego ya, me recaliento mi comida, cojo mi bandeja y me voy a comer al salón, sabiendo que cuando termine no tengo nada que hacer. Más que hábitos extraños, son hábitos, a secas, pero es que soy una chica muy normal. Si alguien le apetece seguir el juego, ya sabe.... Me resulta muy difícil escribirte después de tantos años sin saber nada de ti. Llegué a pensar que te había tragado la tierra o que te habías ido definitivamente para no volver. Me hice a la idea de que nunca más volvería a verte, que ya nunca me sonreirías de esa forma tan tuya y que ya nunca más me estremecerías con un beso. "Aunque siga suspirando por algo que no era cierto, me lo dicen en los bares, es algo que llevas dentro que no dejas que te quieran, sólo dejas que te abracen y publicas que no tuve ni valor para quedarme. Yo rompí todas tus fotos, tú no dejas de llamarme, ¿quién no tiene valor para marcharse?" Iván Ferreiro. Los tacones de mis zapatos (sobre los que hago equilibrio en el vestuario del gimnasio) tienen el grosor perfecto para encajar en la mayoría de los agujeros de las alcantarillas de Gijón, así que el sábado, de camino a casa de Andrea tuve que parar dos veces a sacarlos. La primera vez fue fácil y con un tirón logré sacarlo, pero la segunda tuve que descalzarme, dejar el zapato allí metido, agacharme y pelearme con él un buen rato. Lloviznando, e intentando que mi pie no tocase el suelo. Plan tranquilo: cena y cine. Una cosa es que yo me niegue a salir de marcha y otra que me niegue a ese tipo de planes. Reconozco que me da pereza salir de casa el finde y que me seduce mucho la idea de ponerme el pijama el viernes y no quitármelo hasta el lunes por la mañana, pero lo del cine, me apetecía. Llegamos y sacamos la entrada para evitar colas, aunque por alguna extraña circunstancia que no llegamos a entender, estuvimos cinco minutos a la cola detrás de dos señoras que ni sacaban entrada, ni se apartaban, ni nada. Cambiamos de cola. Andre intentó colar su carné universatario caducado sin éxito, y yo conseguí colarles el de mi hermana. Si bajaran el precio de las entradas, no haría falta que siguiesen cerrando cines... Hace tiempo leí en el periódico que tras el cierre de las salas del pryca y las de los hollywoods, Gijón era la ciudad del norte que menos salas de cine tenía... La idea era picar algo antes de entrar, así que fuimos al gambrinus y nos pusimos las botas mientras repasábamos el mundo en general y nuestras vidas en particular. Parientes que aparecen de pronto, preguntas del Mir mal contestadas que generan ansiedad, posibles hospitales donde hacer la residencia, mensajes a las cuatro de la mañana, "me gustas" que llegan tarde, doce llamadas perdidas al día, acoso tardío. Amigas, trabajo, familia, chicos. Mi blog, algunos post. Risas y complicidad entre nosotras. Sonrisitas al camarero, ella. Qué bien huele, él. Después de la parada obligatoria para comprar gominolas, subimos a los cines. Es la sala 12 Andre. Vamos al baño y entramos a la sala. Diez minutos antes y ya están las luces apagadas. Hay un trailler que dura demasiado para ser un trailler. No vemos nada. Dame las entradas para mirar la fila. No las encuentro, enciende el móvil.... tomalas. Su, te voy a matar, butaca 12, sala diez!. Upss!! Joder con la sala diez. No había ni una butaca libre. Hacía años que no tenía que ver la película con el abrigo y el bolso en las manos. No había ni una butaca libre, a seis euros la entrada, debieron forrarse... Dos horas y media después, la geisha se besaba con el presidente. Nosotras, un taxi y a casa. |
