La otra cara de Barbie



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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2006.

Resumen

02/01/2006

Dos de enero

En mi nueva agenda de alquimia, el mes de enero es el mes de la decisión y empieza con una frase del Zahir "la libertad absoluta no existe, lo que existe es la libertad de escoger cualquier cosa, a partir de ahí comprometerse con esa decisión"

Personalmente creo que está bien responsabilizarse de nuestras propias decisiones, pero de ahí a comprometerse hay un abismo, prefiero saber que puedo cambiar de opinión cuando el camino que he escogido no termina de convencerme....

Lunes, 02 de Enero de 2006 11:14 #. Hay 15 comentarios.

11/01/2006

Las dos últimas actualizaciones de Dos a dos

Miércoles, 11 de Enero de 2006 19:10 Autor: laotracaradebarbie. #. Tema: Estas y otras cosas demuestran que aún hay esperanza Hay 1 comentario.

18/01/2006

Cinco extraños hábitos

Lo primero: el reglamento del juego

El primer jugador de este juego inicia su mensaje con el título

"5 extraños hábitos ".

Las personas que son invitadas a escribir un mensaje en su respectivo blog a propósito de sus extraños hábitos, deben también indicar claramente este reglamento.

Al final, debéis escoger 5 nuevas personas y añadir el link de su blog o diario web.

Es importante dejar un comentario en su blog, diciendo.... "Has sido elegido" y decirles que lean el vuestro, para que acepten o no el reto.

Por cortesía de Amps , aquí van mis cinco hábitos extraños.

1. Tocar madera cada cierto tiempo. No sé bien por qué lo hago porque tengo demostrado empíricamente que no trae buena suerta ni te libra de las pequeñas desgracias cotidianas, pero aún así, me siento mucho más segura después de hacerlo.

Cuando me meto en la cama y paso un brazo por debajo de la almohada, suelo tocar el cabecero, que es de madera y sólo así puedo dormir tranquila.

2. Cuando me preparo un café, tiene que ser siempre en vaso.  Odio las tazas.  Primero me echo el café recién hecho, aproximadamente tres cuartas partes del vaso y luego añado un poco de leche.  Dos de azucar, revolver y tomar.  Nada de calentarlo para que esté hirviendo ni de echar primero la leche.

3. Leer siempre la última página de los libros antes de empezarlos o preguntar constantemente ¿qué pasa? cuando estoy viendo una película con alguien que ya la ha visto.  Soy la única persona a la que no le importa que le destripen las películas, y me pone de muy mala hostia los que me contestan "ya lo verás".  Si lo pregunto es porque quiero saberlo ahora.

4. Ponerme el pijama y las zapatillas nada más llegar a casa, aunque sepa que voy a volver a salir.  Si no voy a estar más de una hora, quizás me deje puesto el jersey o lo que lleve de parte de arriba, pero lo del pantalón del pijama y las zapatillas no puede faltar.  No soporto andar por casa de playeros o de zapatos.

5. Recoger toda la cocina antes de sentarme a comer.  Aunque llegue muerta de hambre del trabajo, lo primero que hago después de ponerme cómoda es fregar los cacharros que haya en el fregadero y recoger la cocina.  Luego ya, me recaliento mi comida, cojo mi bandeja y me voy a comer al salón, sabiendo que cuando termine no tengo nada que hacer.

Más que hábitos extraños, son hábitos, a secas, pero es que soy una chica muy normal. 

Si alguien le apetece seguir el juego, ya sabe.... 

 

Miércoles, 18 de Enero de 2006 17:25 Autor: laotracaradebarbie. #. Tema: Estas y otras cosas demuestran que aún hay esperanza Hay 11 comentarios.

27/01/2006

Capítulo primero

Me resulta muy difícil escribirte después de tantos años sin saber nada de ti. Llegué a pensar que te había tragado la tierra o que te habías ido definitivamente para no volver. Me hice a la idea de que nunca más volvería a verte, que ya nunca me sonreirías de esa forma tan tuya y que ya nunca más me estremecerías con un beso.

Quince años. Quince años en los que no supe apenas nada de ti, quince años durante los que viví mi vida a tope sin perderme nada, en los que disfruté cada momento y cada etapa, pero pensando siempre, en ti.

Muchas veces pensaba que estarías haciendo en ese momento, si alguna vez te acordarías de mí, y sobretodo, fíjate tú, preguntándome si serías feliz.

Yo fui muy feliz durante estos quince años Iván, pero ayer al verte de nuevo me temblaron los cimientos y me sentí de nuevo como aquella cría que se acercó una tarde a pedirte fuego en la biblioteca.

Yo tenía dieciséis años y según tú la mirada más bonita de toda la sala. Tienes una mirada tan intensa que resulta imposible de mantener, me dijiste la primera vez que hablamos. Eras un seductor, aunque yo, entonces, todavía no lo sabía.

Intensa y mantener. Dos palabras que quizás desde aquel día marcaron nuestra relación para siempre. Yo era demasiado intensa y a ti nunca se te había dado bien mantener nada, pero de aquella yo, tampoco no lo sabía.

Conseguimos mantener aquello durante veintidós días, los mismos años que tú tenías. Los veintidós días más dulces de mi adolescencia y los veintidós días que me marcarían para siempre. Los veintidós años más inmaduros que llegué a conocer. Y tuve que enamorarme precisamente de ellos, de tus veintidós años.

Es difícil tratar de explicarle a alguien que no haya estado enamorado a los dieciséis lo increíbles que son los sentimientos a esa edad. La volubilidad, la intensidad con que se vive todo, la exaltación de cada sentimiento, el deseo latente en cada gesto y la ingenuidad impresa en cada movimiento. Las lágrimas más auténticas y las que más duelen, las sonrisas más cálidas y las risas más sinceras. Aquellas mariposas en el estómago que no me dejaban dormir por las noches, aquella sempiterna sonrisa tuya, aquella sonrisa de chico malo que se me tatuó en la memoria al tercer día de conocerte.

Nadie que no lo haya vivido entenderá lo que te digo. Tal vez sonrían escépticos creyendo que exagero, pero te aseguro que nunca me enamoré con la misma intensidad con la que me enamoré de ti a los dieciséis años. He amado más, y mejor, pero nunca ha vuelto a faltarme el aire en cada despedida ni he vuelto a verme con aquella sonrisa en los labios.
Yo iba cada tarde a estudiar a la biblioteca, en casa me costaba concentrarme y ¿para qué te voy a engañar? me parecía muy de mayores ir a la biblioteca a estudiar. Me fijé en ti al cuarto día, porque entraste con el volumen del discman demasiado alto y rompiste el silencio de la sala/biblioteca. Levanté la cabeza molesta a tiempo de ver cómo apagabas la música y te sentabas dos sillas más allá..

Volví a mis libros sin darle mayor importancia, pero cada poco me sorprendía mirándote de reojo. No eras guapo, sin embargo tenías algo que hacía que no pudiese dejar de mirarte. Quizás fuesen tus ojos demasiado oscuros que contrastaban con los verdes por los que yo siempre había sentido predilección, o tu pelo casi negro demasiado largo para ser corto y demasiado corto para considerarse largo. No lo sé. Todavía hoy me lo pregunto, y durante estos quince años no he encontrado respuesta, ¿qué fue lo que me atrajo tanto de ti desde el primer día?

Desde ese día, volviste siempre a la misma hora. Siempre con el discman demasiado alto, así que U2 llego a condicionarme tanto como la campanilla a aquel perro de Pavlov. Quizás a todos los Ivanes del mundo os guste hacer experimentos de condicionamiento.

Como te digo, al tercer día de conocerte, ya llegaba a la biblioteca con la única esperanza de que aparecieses pronto y me abstrajeses del tedio de las declinaciones. No se me daba bien el latín y me costaba horrores estudiarlo.

Llegabas, apagabas tu música y te sentabas a estudiar durante horas sin apenas levantar la cabeza. Yo me volvía loca buscando tu mirada, intentando coincidir con ella a ver si me decía algo.

A media tarde solías salir fuera a fumar un cigarro. Nunca hablabas con nadie ¿te acuerdas? Me chocó mucho que luego fueses tan extravertido.

Creo que fue exactamente a la semana de conocerte, cuando decidí hacer un descanso yo también y salir a la misma hora que tú. Me acerqué y te pedí fuego mirándote a los ojos; nunca te había tenido tan cerca y a esa distancia, no parecían tan oscuros. Me temblaban las manos cuando me llevé el cigarrillo a la boca, y el labio inferior, recuerdo que también me temblaba.

Tienes la mirada más bonita de toda la biblioteca- me dijiste- tan intensa que resulta imposible de mantener.

Me reí. Fue la primera vez que me reí contigo. Me reí de esa forma que trataba de explicarte antes, con esa risa que sale de dentro y te estalla en la boca, de esa forma despreocupada que sólo se ríe quien es muy feliz.

Supongo que yo era feliz entonces, aunque de aquella tampoco me diese cuenta.

Me preguntaste qué estudiaba y te sorprendió que aún estuviese en tercero de bup, pareces mayor-dijiste. A mi me fascinó que estudiases hispánicas y que leyeses a Nietsche. Fue una de las primeras cosas que me fascinó de ti, una de las muchas que me hizo magnificarte hasta llegar a idolatrarte como te idolatré. Nunca creí en príncipes azules y sin embargo a ti, te erigí dios sin comerlo ni beberlo. Hasta ese punto, me deslumbraste.

"Aunque siga suspirando por algo que no era cierto, me lo dicen en los bares, es algo que llevas dentro que no dejas que te quieran, sólo dejas que te abracen y publicas que no tuve ni valor para quedarme. Yo rompí todas tus fotos, tú no dejas de llamarme, ¿quién no tiene valor para marcharse?" Iván Ferreiro.

Viernes, 27 de Enero de 2006 08:42 #. Tema: Estas y otras cosas demuestran que aún hay esperanza Hay 18 comentarios.

28/01/2006

30/01/2006

Sala diez.

Los tacones de mis zapatos (sobre los que hago equilibrio en el vestuario del gimnasio) tienen el grosor perfecto para encajar en la mayoría de los agujeros de las alcantarillas de Gijón, así que el sábado, de camino a casa de Andrea tuve que parar dos veces a sacarlos.

La primera vez fue fácil y con un tirón logré sacarlo, pero la segunda tuve que descalzarme, dejar el zapato allí metido, agacharme y pelearme con él un buen rato. Lloviznando, e intentando que mi pie no tocase el suelo.

Plan tranquilo: cena y cine. Una cosa es que yo me niegue a salir de marcha y otra que me niegue a ese tipo de planes. Reconozco que me da pereza salir de casa el finde y que me seduce mucho la idea de ponerme el pijama el viernes y no quitármelo hasta el lunes por la mañana, pero lo del cine, me apetecía.

Llegamos y sacamos la entrada para evitar colas, aunque por alguna extraña circunstancia que no llegamos a entender, estuvimos cinco minutos a la cola detrás de dos señoras que ni sacaban entrada, ni se apartaban, ni nada. Cambiamos de cola.

Andre intentó colar su carné universatario caducado sin éxito, y yo conseguí colarles el de mi hermana. Si bajaran el precio de las entradas, no haría falta que siguiesen cerrando cines... Hace tiempo leí en el periódico que tras el cierre de las salas del pryca y las de los hollywoods, Gijón era la ciudad del norte que menos salas de cine tenía...

La idea era picar algo antes de entrar, así que fuimos al gambrinus y nos pusimos las botas mientras repasábamos el mundo en general y nuestras vidas en particular.

Parientes que aparecen de pronto, preguntas del Mir mal contestadas que generan ansiedad, posibles hospitales donde hacer la residencia, mensajes a las cuatro de la mañana, "me gustas" que llegan tarde, doce llamadas perdidas al día, acoso tardío. Amigas, trabajo, familia, chicos. Mi blog, algunos post. Risas y complicidad entre nosotras. Sonrisitas al camarero, ella. Qué bien huele, él.

Después de la parada obligatoria para comprar gominolas, subimos a los cines. Es la sala 12 Andre. Vamos al baño y entramos a la sala. Diez minutos antes y ya están las luces apagadas. Hay un trailler que dura demasiado para ser un trailler. No vemos nada. Dame las entradas para mirar la fila. No las encuentro, enciende el móvil.... tomalas. Su, te voy a matar, butaca 12, sala diez!. Upss!!

Joder con la sala diez. No había ni una butaca libre. Hacía años que no tenía que ver la película con el abrigo y el bolso en las manos. No había ni una butaca libre, a seis euros la entrada, debieron forrarse...

Dos horas y media después, la geisha se besaba con el presidente.

Nosotras, un taxi y a casa.

Lunes, 30 de Enero de 2006 08:43 #. Tema: Estas y otras cosas demuestran que aún hay esperanza Hay 13 comentarios.


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