La otra cara de Barbie |
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Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2006.
Noviembre, para Coelho, es el mes del tesoro, "¿por qué hemos de escuchar al corazón? Porque donde él esté es dónde estará tu tesoro" esta es la frase que encabeza el mes, per a mí, me gusta mucho más la del día 2 "Las personas acumulan experiencias, recuerdos, cosas, ideas de los demás, que es más de lo que pueden cargar. Y así, olvidan sus sueños" El Zahir Por cortesia de Ainhoa ..... escoge una banda/grupo favorito, y responde sólo con títulos de sus canciones. Escoge 5 personas para que sigan el test, sin olvidar avisarles de que han sido elegidos: Me ha costado mucho más de lo que creía, pero ya está, todos los títulos de canciones de los Piratas. Acabo de ver esto en el blog de Bita y no he podido evitar querer ponerlo en mi blog. Es el primer video que pongo, así que no sé cómo quedará. El otro día vi de pasada a una persona que en el pasado, había sido importante. No sé si importante es la palabra adecuada, probablemente no…. Un nombre y una profesión. Un teléfono. Un acento y una forma de mirar. La manera de reírse, su sentido del humor, la forma de tomarse las cosas, su forma de decirlas. A veces no hace falta conocer mucho a una persona para saber que sientes cosas que no deberías sentir. Para saber que sientes cosas diferentes a las que sientes por el resto de las personas. Y no, no es amor. Ni deseo. El otro día, le volví a ver y me dio un vuelco el corazón. Exactamente igual que la última vez que me bajé del coche y caminé despacio hasta perderle de vista. Un segundo, dos, ¿Cuánto tarda en pasar un coche delante de una persona?. En todo caso, el suficiente como para hacerme recordar. El suficiente como para alegrarme primero, entristecerme después y olvidarme acto seguido. Juraría que nos miramos, no estoy segura. Me dio vergüenza y aparté la mirada. Es increible cómo algunas palabras, nos pueden cambiar el día, pero lo cierto es, que después de oírlas, suspiro tranquila y confiada por primera vez en un par de meses, y siento que no me estoy haciendo ilusiones en vano. "Claro que si, ahora más que nunca Su". Otra vez ayer, cuando iba en un taxi, quedó patente que no sé relacionarme con normalidad con personas desconocidas y, otra vez, tuve ganas de llorar y de salir corriendo. Qué insegura me siento cuando eso ocurre... El taxista, un tío de unos treinta y pocos, aguantó en silencio el tiempo que tardé yo en colgar el movil y quedarme callada. "Llegó el invierno de repente ¿eh?" (sonrisa bobalicona por mi parte, que además él no podía ver) "sisi" "hace un frío de cojones, y hasta ayer como quien dice, íbamos en mangas de camisa" "yaaa". Otro segundo de silencio (de silencio incómodo of course, porque yo sabía que el tío estaba buscando tema), y luego volvió a la carga no recuerdo con qué. En mi cabeza sólo podía oír a Diego "es que ¿por qué no puedes hablar con normalidad?". Porque no me sale, cojones. Habíamos ido al taller a que me arreglasen el limpia de atrás. Conozco a uno de los mécanicos y con ese, ya soy capaz de estar más o menos tranquila en silencio o incluso de seguirle una conversación (con esfuerzo); pero ese día, además de mi amiguín, me atendió uno que no conocía de nada. Oh my god! el típico parlanchín que no puede estar callado un minuto. Venga a hablarme, de cualquier cosa, el caso es hablar. Y yo, roja como un tomate y sintiéndome estúpida como poca gente puede imaginarse (sólo la que alguna vez pasó por eso). En esas situaciones sólo soy capaz de balbucear y sonreír, eso sí, otra cosa no haré pero sonreír... Lo peor viene cuando mi cabeza empieza a pensar que la otra persona estará pensando que soy retrasada, y ahí ya se jodió todo. Porque empiezo a tener unas ganas tremendas de llorar y ya hasta me cuesta sonreír. Aquel día, Diego tenía que marchar a no sé dónde un minuto. Yo histérica sólo de pensar que tenía que quedarme con el parlanchín a solas. Vuelve pronto ¿ehh?. Joder Susana, ¿por qué no puedes mantener una conversación normal? es muy majo. Ya sé que es muy majo, pero el problema no es él, soy yo. Igual que con el taxista de hoy. Podría haber sido incluso un trayecto agradable, porque hay que reconocer que el tío era majo, pero es superior a mí. No sé lo que me pasa con los desconocidos parlanchines. Me bloqueo, no sé qué decir, me siento estúpida, me pongo roja, me entran muchas ganas de llorar, de salir corriendo... Hay personas que sin saber muy bien por qué, un día salen de tu vida. Personas que en su momento fueron importantes se diluyen en el tiempo hasta casi desaparecer, quedan relegados al olvido, en algún lugar recóndito de la memoria que no sabemos ni que existe. Y así, exprimiendo tu mente y tu alma en busca de sentimientos bonitos que merezca la pena intentar transformar en palabras para que perduren siempre, aparece de pronto, aquel chaval de la Comisaria que sabía a chicle de fresa y que me cantaba al oído las canciones de Manolo García; y aquel otro que me llevaba en coche al psicólogo y me regaló un diablo de Tasmania por mi cumple junto con un dibujo que me obligó a prometer no verían jamás ojos que no fuesen los míos. Aparece un extraño batiburrillo de personas entre las que no hay conexión aparente. Aparece un rollete de hace mil años; uno de los pocos chicos a los que una vez consideré amigo; aparece un ciber-ligue que me volvía loca y un ciber-fan al que yo transtornaba... Y no puedo por menos que sonreír, y se me acelera el corazón al recordar momentos especiales, momentos guapos a los que en su momento no concedí la importancia adecuada. Momentos que duraron lo que dura un suspiro, que es lo que duran todos los momentos mágicos. Fanteseo con la idea de escribirle al amigo aquel..., hasta que recuerdo la parta amarga de la historia, aquel final agónico, aquel no querer entender. Y me sorprende, una vez más, la memoria. Tan sabia y selectiva. Tan condescendiente. Con el tiempo, coloca a cada persona en un lugar, y así, es como los recordaremos en el futuro. Con cariño y emotividad. A no ser, que ahondemos en la historia hasta recordarla tal cual fue; en cuyo caso, a veces, el lugar que les había asignado la memoria era mucho más bonito. ************************** FELICIDADES CECI Es irreal. Estoy en una hamaca muy alta, de modo que es imposible que la arena de toque, y justo dónde acaba (la hamaca) hay un camino asfaltado que lleva hasta un edificio (nunca lo veo, pero sé que está ahí). Yo estoy desnuda, boca abajo y con la cabeza hacia el lado derecho. Hace un sol de cojones y siento cómo me arde la piel. Si me esfuerzo incluso, puedo llegar a sentir el calor. Todos los músculos de mis cuerpo están absolutamente relajados, laxos. Y alguien me está haciendo un masaje. Digo alguien, porque tampoco veo a ninguna persona, pero siento sus manos y cómo se relajan mis músculos a su paso. Muy a lo lejos se oyen las olas rompiendo en la orilla, y no se escucha nada más. Ni tan siquiera escucho mis pensamientos porque en ese momento no existe nada más que el silencio y la tranquilidad. Y así, me relajo, me relajo, me relajo hasta quedarme dormida en la más absoluta tranquilidad. ¿Y tú? Cuando escribo que soy feliz como una perdiz siempre hay alguien que piensa que le importa tres cojones si me va bien con mi novio (o como sea que se llame esto) o si mi curro es una maravilla. No tiene interés el hecho de que no pueda dejar de sonreír, lo vea todo rosa muy rosa o haya recibido un mail estupendo que catapultó mi ego a las nubes... La casa de la pradera, ñoña, cursi, furby... Cuando caigo en un agujero negro y cuento con pelos y señales cómo se ve el mundo desde ahí abajo, siempre hay quien me tacha de plañidera, de amargada e incluso de demagoga. Que si busco compasión que si hostias... Si tengo un problema y se me hunde el mundo cuando Diego me deja después de ocho años y transcribo hasta el último dolor que siento, me apetece una mierda que venga alguien que decirme que eso no es un problema, que es una niñeria. Que le jodan ¿verdad? yaaa, pero me afecta... O si por el contrario escribo que no tengo ningún problema importante por el que preocuparme y que me voy a la cama cada noche con la conciencia tranquila, alguno me salta con que soy una cría y ya tendré problemas cuando sea mayor. ¿Dónde quiero llegar con esto? A recordarte que esto es mi blog, esta página rosa que se te carga cuando tecleas mi dirección en la barra o cuando google o cualquier otro buscador te trae aquí de pura coña, es mi blog. Mi vida. Yo. Y a veces soy tan feliz que me doy asco incluso a mí, pero otras estoy tan triste que "mequieromorir". Y a veces un problema me ocupa toda la mente y otras veces, no me entero aunque los tenga a montones. Así que voy a seguir escribiendo así, te guste o no, porque no quiero volverme plana y lineal solo para gustarte a ti. Y aquí, en mi blog, son bienvenidos los comentarios que me doran la píldora y los que me dan un meneo pa´que espabile, pero que nadie trate de hacerme cambiar mi forma de escribir porque eso no me gusta. Y además, me pone de mala hostia. Hace más de tres años, aterrizaba timidamente en esto de los diarios por internet. No era un blog, era un grupo privado en el que escribíamos unas pocas personas. Juraría que nunca fui tan sincera ni tan natural como en aquella época porque ¡total! nadie me leía, y lo que era más importante, nadie me conocía. "Querida Campanilla, sin "abismo" no hay vértigo posible [....] ¿Quieres que hablemos de las mariposas aquí?", eso era lo que decía mi mensaje de bienvenida, y así empezó todo. Poco a poco le cogí el gusto al exhibicionismo, a escribir cosas íntimas para que las leyeran desconocidos. Le encontré el punto morboso a desnudar el alma. Así hasta ahora. He ganado tablas, he perdido inocencia; he gando lectores y cierto reconocimiento, quizás he perdido frescura. He ganado experiencia, he ganado gente maravillosa, he ganado muchas risas con vuestros comentarios, me he llevado algún disgusto.... Sea como sea ha merecido la pena llegar hasta aquí, y quiero creer que todavía me queda mucho por recorrer. Mi primera entrada (al menos de la que tengo testigos gráficos) hablaba sobre Diego y terminaba con un "él es el chico con quien me siento más a gusto y más feliz me hizo". Qué gracia! qué ingenua me veo ahora... De aquella, aún me preocupaba muchísimo que votásemos a distintos partidos políticos. Más que eso, me jodía muchísimo que apoyase a partidos que defendían ideas diametralmente opuestas a las mías (y no, no votaba ni vota al pp), pero de eso, ya hablaré otro día. He intentado que la fotografía fuese lo más parecida posible a aquella... |
