La otra cara de Barbie |
![]() Campanilla698@gmail.com
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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2007.
Me he cargado los dispositivos de sonido del ordenador, ¿alguien puede echarme un cable? me complace informaros que me he presentado al concurso de 20 minutos. Esta vez no voy a dar tanto la barrila con las votaciones, pondré el enlace a la izquierda y que cada uno me vote cuando le apetezca/se acuerde. Eso si, me gustaría pediros que votaseis a mi amiga en la categoría "mejor blog erótico", porque se lo está currando un montón y hasta se ha mandado hacer un botón provocativo ;-) Los sábados por la mañana, me despierto en una cama demasiado grande para una persona sola, y mientras busco a tientas las gafas en una habitación que no es la mía me voy haciendo consciente de dónde estoy. Todas las mañanas me pasa lo mismo. Voy al baño mientras se calienta la leche, y un día más me arrepiento de no haber llevado la cafetera. Las mañanas no son lo mismo sin el olor del café inundándolo todo y sin ese sabor amargo bajándote por la garganta. Diego desayuna colacao. Con cereales o no se qué hostias, para más inri. Me preparo un par de tostadas en una sartén (tampoco hay tostadora) y me voy con todo a la mesa del salón. Enciendo la tele y mecagontó cuando me acuerdo de que tampoco hay telecable. Cinco míseros canales dónde escoger. Dibujos (cutres como ellos solos, nada de pitufos ni de osos gummis), reportaje (premio al que adivine el canal), club-megatrix, serie (cutre, nada de house o sexo en nueva York) y repetición de operación triunfo. Si no está hablando Risto, cambio de canal. Me hace gracia cómo dice lo que dice y me da morbo, así que si está hablando, ahí me quedo. Las tostadas cojonudas y el colacao deficiente. Me tienta un bombón que hay encima del mueble, pero pienso en mí, enfundada en los vaqueros que tengo encima del armario y se me quitan las tentaciones. Cambio de canal cuando Risto termina de nominar y pongo los dibujos. Pienso con nostalgia en aquellos ositos de colores que fabricaban zumo de gomibaya y en aquella estúpida coneja con un collar en la oreja de la alcea del Arce. Diana creo que se llamaba. Cómo me gustaban los pitufos… Pitufina era taaan guapa. Y los esnorkels, ¡qué cucos! con aquellas trompas tan raras en la cabeza. Odiaba a los caballeros del zodiaco y Rayman tampoco me entusiasmaba mucho. Las mañanas de los sábados vuelven a ser sinónimo de dibujos, aunque ni los dibujos ni yo seamos los mismos. Lo que no cambia es el colacao caliente, la manta tapándome hasta el puente de la nariz. Hecha un gurullo en una esquina del sofá. Acaban los dibujos, las series y operación triunfo, todo a la vez. Empieza deco-jardín, y ahí si que mecagontó por no tener más canales para seguir haciendo zaping. Apago la tele y cojo el libro. Vuelvo a arrebujarme con la manta y ya no me muevo hasta que llega Diego y empezamos a preparar juntos con la comida. Un sms. Dos frases. Seis palabras. Me pongo roja. Creo que con demasiada frecuencia. Se me llena el pecho de algo que no se definir. Se me llenan por completo los pulmones de oxígeno. Sonrío. Ultimamente creo que también sonrío con demasiada frecuencia. Un importante número de veces, por el mismo tema. Un sms de vuelta. Dos frases. Diecinueve palabras y un emoticón sonriente. Nunca se me ha dado bien ser escueta. ¿No es una maravilla cuando un mensaje que no te esperas te alegra la mañana y te llena de ilusión? Si quieres votar, puedes hacerlo aqui Al final el viernes ni cenita, ni cine ni hostias. Treinta y ocho grados de temperatura, dolor muscular, pesadez de extremidades, dolor de cabeza, sudor, frío, calor, mocos… Todo el fin de semana sudando la gripe en la cama y hoy otra vez a trabajar. Sigue sin terminar el post sobre los secretos y sigue sin empezar el post para las votaciones de veinte minutos. Eso si, mi peinado vuelve a ser el mismo ;-) Hace poco prometí que este año, no daría mucho la brasa para que me votaseis en el concurso de 20 minutos, pero viendo lo rematadamente mal que voy y lo mucho que me apetece que me paguen por escribir en algún sitio...., repetiré este post con frecuencia ;-) La idea es que, en los comentarios, todos aquellos que tengais un blog y esteis inscritos en el concurso, dejeis un enlace directo a la página de las votaciones y pongais la categoría en la que quereis que os vote. Así, cuando haga la ronda de votaciones, os tendré a todos en el mismo sitio, y de paso la gente que me lee podrá hacer lo mismo. Yo quiero que me voteis en la categoría de mejor blog personal, y mi amiga, en mejor blog erótico, ¿que por qué? ¿tú has visto el banner que se ha hecho? ¿Y a tí? ¿en qué categoría prefieres? Tengo un secreto. Un secreto que no puedo contarle a nadie. Uno de esos grandes que te apetece gritar a los cuatro vientos o por lo menos, poder cotillearlo con un par de personas. No es un secreto que alguien me haya confiado, es un secreto mío. Y no, no estoy embarazada, ni me ha tocado la lotería, ni Diego me ha pedido que me case con él, ni he descubierto que soy adoptada ni ninguna de las cosas que seguramente se os estarán pasando por la cabeza. Es una tontería. Una pequeña anécdota que me gustaría poder comentar pero no puedo. ¿Qué porqué? Pues probablemente porque tendría que dar demasiadas explicaciones. Empezar a contar la historia desde el principio, y los principios de las historias largas suelen ser aburridísimos de contar. Sin el principio no se entiende el final. Y menos aún se entendería por qué lo considero un secreto. Quizás lo cuente en otro momento, así como de pasada, quitándole importancia al asunto. Quizás nadie se plantee nada, nadie haga preguntas y entonces, no será necesario contar la historia desde el principio. En realidad es un tema del que no me gusta hablar, del principio digo, de cómo empezó todo. Hasta que uno no tiene un secreto, no sabe realmente lo jodido que es no contarlo. Saber algo y no poder compartirlo. Sentir algo y no poder expresarlo. A veces tengo miedo de meter la pata y que se me escape algo. Una frase que me obligue a dar explicaciones… De pequeña tenía un montón de secretos, secretos del corazón la inmensa mayoría. Que si a Rita le gustaba Rito, que si Pepe y Pepa se habían dado la mano, que si Cruz le iba a escribir una carta de amor a Raya… Grandes secretos que me habían sido confiados tras la promesa de no desvelarlos jamás. ¿Me lo juras? ¿Por dios? ¿Qué te mueras si lo cuentas? A medida que crecemos, muchos de esos secretos se nos olvidan. Otros no. ¿Quién o se acuerda de la primera vez que un niño le confesó “en secreto” que estaba enamorado de ella y que quería ser su novio? Me acabo de acordar de un día en quinto de EGB cuando Medea me confesó una cosa graciosísima. Oli. Qué ataque de risa me dio en la esquina de la calle. A mí, Bonilla. (¿Te acuerdas del supergrito aquella vez que lo vimos por la calle y de la cara de Beatrizona?) Con el tiempo cada vez considero secreto menos cosas. De hecho, hace tiempo que no tenía uno propio, por eso no me acordaba de lo jodido que es no contarlo. Sshhh (La fotografía se titula I wait y es de Julia Margaret Cameron) |
